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Miralda – Joan Serinyana

Olidor, 2018

Escultura | Batea de madera de olivo y tela fotográfica

 

OLIDOR. Acción ceremonial con frutos del huerto y aceite novel en Ca la Maria. Barcelona, 28 de noviembre de 2018

Entre el artista internacional Miralda y los coleccionistas de arte contemporáneo de Cal Cego hay muchas cosas en común y otras por descubrir. Les une el placer de remar a mar abierta entre culturas y tradiciones y el deseo de crear comunidades donde desplegar pequeños rituales de transformación. Recuperar barcos de madera o recetarios de cocina son proyectos de vida que no atienden a directrices de rendimiento material sino de hechizo. En esta convergencia brota un proyecto entre el artista y los coleccionistas, un ceremonial de transmutación del aceite en oro que tiene lugar a Ca la María alrededor de una mesa y con frutos del huerto urbano: OLIDOR.

Una liturgia guiada por Miralda, con el acompañamiento de Montse Guillén y los saberes de Joan Serinyana, que tiene lugar al atardecer cuando la luz da paso a los misterios. El preámbulo de una visita al pequeño huerto de la casa abre las puertas de la naturaleza a los congregados. El grupo prepara la mesa de trabajo disponiendo los frutos recogidos alrededor de una magnífica pieza de madera de olivo, la Batea o plato lavador. La configuración de este bodegón funciona como tabernáculo. Los invitados eligen un ingrediente para emulsionar al aceite novel que contiene la Batea, una pieza artesanal con resonancias míticas. Miralda coge con las dos manos la Batea y la lleva a la mesa de los invitados, un gesto de respeto litúrgico por un objeto que contiene la memoria centenaria.

Este cáliz de madera pasa de mano en mano y se agita con suavidad, se «xinxolla» (por utilizar la palabra tradicional en catalán) para emulsionar el aceite con los frutos: las hierbas aromáticas, la granada o el limón activan sabores y simbolismos sagrados. En 18 cocteleras individuales se mezcla el aceite con los espíritus y los cubitos, rompiendo el silencio con la sonoridad alquímica del recipiente que se agita para hacer un todo de la diversidad. La nueva materia liquida se sirve en vasos de vidrio con caña incorporada y luces led nacaradas. El misterio de la transformación hace surgir el Cocktail Gold Blue Margarita, uniendo naturaleza y cultura, campesinado y arte. Todos beben del grial de luz y las miradas muestran la perplejidad de la experiencia.

Para finalizar esta liturgia de transubstanciación y exaltación de los orígenes y del futuro, de la tierra y sus ofrendas, los acompañantes que sirven la mesa llevan a los asistentes bandejas con trozos de pan de oro y se les invita a mojar el pan con el aceite sobrante. El pan de payés, con muelle y picatoste, está envuelto con pan de oro comestible. En un tiempo de desarraigos culturales y vitales, el artista explora las energías invisibles entre cultura, gastronomía y sociedad leyendo las tradiciones populares y las urbanas de manera visionaria. En esta acción ritual, el artista practica, como lo hace siempre, una forma de creatividad democrática que fusiona el presente con el pasado activando nuestras facultades perceptivas y también nuevas formas de experiencia social.

Para Miralda, es muy importante la materialidad de la forma y también la acción colectiva, en ningún momento practica una idea de arte como territorio cultural autónomo. Todo es mundo, todos los caminos vuleven al origen. La Batea de madera de olivo con vetas sinuosas es la protagonista silenciosa, la pieza más preciada de este ceremonial.

Pilar Bonet


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