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Hiroshi Sugimoto

 

Tokio (Japón) 1948. Vive y trabaja en Nueva York desde 1974. Formado en la St. Paul’s University de Tokio, en 1970 dejó Japón para estudiar fotografía en el Art Center of Desing de Los Angeles, en un momento en el Minimalismo y el Conceptualismo eran las corrientes artísticas predominantes. Es en este contexto en el que desarrolla una técnica fotográfica original, marcada por un acercamiento riguroso y un análisis penetrante de la realidad empírica de referencias metafísicas. Su trabajo se articula en amplias series, siempre en blanco y negro, que a lo largo de los años han tenido como finalidad el tratamiento del paso del tiempo. Su primera serie realizada en el museo de ciencias naturales de Chicago (Dioramas, 1976), fue el comienzo de una brillante trayectoria en la que los sujetos elegidos, sean animales disecados, teatros (Theathers, 1978), mares (Seascapes, 1980), plantean un diálogo silencioso entre lo que permanece inmutable y la evolución consustancial del tiempo. Ha ganado prestigiosos premios como el de la Fundación Hasselblad y el Guggenheim, ambos en 2001 y ha expuesto en los mejores museos del mundo como el MOMA de Nueva York, La Fondation Cartier en París, el MOCA de Los Ángeles, en la XXV Bienal de Sao Paulo, o en el Guggenheim Museum de Nueva York.

 Celia Díez



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Hiroshi Sugimoto

Fagus Schulheistenfabrik – W. Gropius and A. Meyer, 1998

Fotografía | Gelatina de bromuro de plata
63,5 x 50,8 cm.
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En 1997 Sugimoto comenzó a retratar edificios contemporáneos ya clásicos dentro del mundo de la arquitectura, entre los que destacan los pertenecientes al movimiento modernista de principios del siglo XX. Todos ellos siempre en blanco y negro. En este caso, el edificio está fotografiado desde un punto de vista lo suficientemente alejado como para poder contemplarlo con amplitud, pero, al mismo tiempo, ocupando todo el espacio del papel fotográfico, de manera que la magnificencia del canon arquitectónico no llega a perderse en el resultado final de la imagen fotográfica. Al igual que en otras series de Sugimoto, es importante resaltar la precisión de todo su proceso técnico, que él mismo controla, desde el disparo inicial hasta la consecución de la copia en papel, logrando hacer más evidente la claridad de su mensaje conceptual, a través de la pulcritud de un lenguaje técnico absolutamente impecable. Otra de las características de esta serie, conocida como Architecture, es un ligero desenfoque que consigue disolver los límites de la construcción dotando al edificio y a la propia fotografía de una poesía de evanescencia que a priori poco o nada tiene que ver con estos formales y rotundos edificios. Toda su claridad conceptual queda subvertida en diferentes grados de precisión que nos hacen percibir la arquitectura desde lo que podríamos considerar un viaje en el tiempo o una interpretación borrosa de una realidad que no quiere serlo tanto.

La fábrica de zapatos Fagus, situada en Alfed Un Der Leine (Alemania), fue construida entre 1911 y 1913, y está considerado como el primer edificio de grandes dimensiones construido por el joven arquitecto Walter Gropius. A pesar de que ya existían planes preexistentes para la construcción de esta fábrica, ideados por Edgard Werner, Gropius consiguió convertir su proyecto en todo un hito de la arquitectura contemporánea, dando un aspecto inusual a una empresa de tamaño medio, reactivando la fachada con el nuevo concepto de pared cortina, posible gracias a un esqueleto proyectado en acero cubierto por ligeras paredes de cristal. La fábrica de zapatos Fagus, es uno de los primeros edificios considerados modernistas, de ladrillo, cristal y acero, síntesis del arte y precursor ejemplo de la identidad corporativa, considerado un monumento ya desde 1946.

Subyace en todas las series de Sugimoto un trabajo concienzudo de búsqueda del sujeto a fotografiar, -pueden ser máquinas del XIX (Conceptual Forms, 2005), o figuras de cera (Portraits, 1999)-, que permite establecer un catálogo razonado de intenciones de índole conceptual que, además, nos consiente relacionar la fotografía de Sugimoto con la de la conocida escuela alemana de Bernd y Hilla Becher, que desde los 60 instauraron una manera de trabajar a base de series de sujetos catalogados que ha supuesto un hito en la fotografía contemporánea. Esta búsqueda en la repetición va acompañada, en el caso de Sugimoto, por una nueva manera de entender la fotografía contextualizada dentro del ámbito de las corrientes Conceptual y Minimal, que el propio artista experimentó durante los años 70 y no dudó en trasladar al campo de la fotografía.  

Celia Díez


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Hiroshi Sugimoto

Signal box – Herzog & De Meuron, 1998

Fotografía | Gelatina de bromuro de plata
63,5 x 50,8 cm.

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Cuando en 1997 Hiroshi Sugimoto comienza a fotografiar en blanco y negro edificios contemporáneos considerados ya un clásico dentro de la historia de la arquitectura, se inclinó visiblemente por los que habían sido considerados esenciales a la hora de definir el movimiento modernista. De ahí que de esta serie, denominada Architectures, las imágenes más características sean el Guggenheim Museum de Nueva York de Frank Lloyd Wright, la Einstein Tower en Potsdam de Erich Mendelsohn, o incluso la Iglesia de la Luz en Osaka, del arquitecto japonés Tadao Ando. Pero gracias a la elección de este centro de señalización para trenes, construido en Basilea (Suiza) en 1994, por Herzog & de Meuron, Sugimoto, pone de manifiesto su intención de retratar hasta los hitos de la arquitectura más actual, entre los que destaca este edificio recubierto de cobre, con el aspecto de las bobinas de hilo de ese metal, ideado para albergar el equipo electrónico del departamento de ingenieros de los ferrocarriles suizos. El trabajo de estos dos arquitectos, galardonados con el premio Pritzker en 2001, combina la artesanía y las nuevas tecnologías con una extraordinaria inventiva en soluciones arquitectónicas para las necesidades de sus clientes.

Cada edificio fotografiado por Sugimoto es único, pero no lo es el tema ni la técnica, que son una constante en su obra y le permiten trascender en su individualidad hacia un concepto que podríamos considerar universal, el del devenir del tiempo, representado por una imagen estática subrayada por una marcada ausencia que logra evocar situaciones pasadas e incluso futuras, reminiscentes y latentes en el lugar fotografiado.

El característico desenfoque impuesto por Sugimoto para todas las arquitecturas retratadas en esta serie, desmaterializa las formas retratando sólo la propia esencia del edificio y no su exacta representación, acercándose más a la idea que nosotros mismos podríamos tener de él en el caso de que alguna vez lo hubiéramos visto y su imagen se hubiese quedado grabada en nuestra memoria. Lograda así la distorsión del tiempo y del espacio, el fotógrafo consigue aislar al sujeto retratado de su propio contexto, dotando a un edificio construido por el hombre de un halo de inmortalidad y magnificencia que lo igualan a la grandiosidad de las manifestaciones surgidas de la propia naturaleza.

Imbuido en una estética que puede considerarse cercana a los preceptos de la filosofía zen, en la que la sutilidad de las luces y las sombras construyen el volumen de la imagen, su obra tiene mucho más que ver con las corrientes del arte Conceptual y Minimal imperantes en los años 70 en los EE.UU, momento y lugar en el que el artista japonés empezó a interesarse por la fotografía. Es por este motivo por el que no dudamos al afirmar que Sugimoto es el valedor y precursor de estas consideraciones estéticas en el campo de la fotografía, ante las que confluyen un exquisito control de todo el proceso que dota a la imagen final de una pulcritud y una claridad que permiten una lectura perfecta de todo el proceso conceptual que ha llevado a acabo el artista para crear su obra.

Celia Díez 


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