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Thomas Struth


Formado entre 1973 y 1980 en la Staatliche Künstakademie de Dusseldorf, donde en sus inicios estudia dibujo y pintura bajo la tutela de Gerhard Richter y Peter Kleeman. Sin embargo, su interés por el tratamiento realista de la representación pronto le hace sentirse atraído por el medio fotográfico y entrar a formar parte de la clase impartida por Bernd y Hilla Becher en esa institución junto a otros reconocidos fotógrafos de su generación como Candida Höfer, Andreas Gursky o Thomas Ruff. En 1978, recibe una beca para residir en el PS1 de Nueva York, donde completa sus estudios y conoce de primera mano la obra de los principales representantes de la fotografía documental americana -Walker Evans, Lee Friedlander o Stephen Shore, por citar algunos. Desde entonces, y siguiendo los dictados de sus maestros en Dusseldorf, la fotografía de Struth aspira a la creación de un registro objetivo de la sociedad que vivimos, desarrollándose en torno a series, primero en blanco y negro y luego en color, casi siempre de gran formato, sobre temas muy precisos, como pueden ser sus trabajos sobre ciudades, paisajes, familias o museos de todo el mundo, algunas de ellas todavía en proceso. Uno de los rasgos más significativos de su producción es la perfecta captación de la atmósfera socio-histórica y las cualidades psicológicas de escenarios e individuos retratados.

Alberto Sánchez Balmisa


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Thomas Struth

Gemüse Markt, Wuhan, 1995

Fotografía | C-print montada sobre diasec
136,5 x 161,9 cm.
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En nuestros días, el viaje como estímulo del conocimiento, como Grand Tour romántico para enriquecer el alma, la mente y el espíritu, no goza de muy buena salud. De hecho, se podría decir que se encuentra en desuso, casi desaparecido. Hoy se viaja por turismo, por satisfacción personal, para demostrar nuestro poder capitalista, para buscar nuevas experiencias, o también, claro está, por motivos de negocio. Pocas veces, o ninguna, viajamos para integrarnos en la diferencia, y así, nuestra normalización de la otredad acostumbra a tildar como “peculiar” o “exótico” aquello que no comprendemos, no porque sea difícil para nuestro entendimiento, sino porque apenas tratamos de negociar con ello. Es la globalización de la cultura, una globalización que hace que mientras cientos de miles de occidentales, cargados de máquinas fotográficas, videocámaras y todo tipo de instrumental tecnológico, recorren los “paraísos perdidos” para demostrar que “estuvieron allí”, millones de individuos procedentes de esos países se agolpen dramáticamente en nuestras fronteras tratando de buscar aquello que en sus estados se les niega.

El viaje como búsqueda, como apertura a otras formas de ver y conocer el mundo es uno de los rasgos más característicos del trabajo de Thomas Struth. Ya sea en Asia, en América, o en Europa; ya sea en sus series sobre las ciudades, paisajes selváticos, o visitantes de museos de todo el mundo, la mirada de Struth plantea siempre inteligentes cuestiones en torno al modo en que la sociedad contemporánea consume las imágenes. Su itinerario podría ser confundido con el de un turista ejemplar, capaz de recorrer el orbe en busca de su perseguida postal, pero nada podría estar más lejos de esta intención. Struth nunca deja nada al azar, pero tampoco trata de controlar de una forma premeditada las imágenes que él crea: el interés de su fotografía reside precisamente en su extraordinaria capacidad para seleccionar los lugares, las personas y los ambientes retratados.

Para cualquier viajero que haya tenido la oportunidad de visitar el Extremo Oriente, Gemüsemarkt (1995) representa una escena, hasta cierto punto, conocida: el trasiego habitual de una calle asiática. Gente paseando, kioskos improvisados sobre las aceras, un fondo urbano de casas abigarradas… Una imagen que, al contrario de lo que ocurre con Times Square (2000), en la que Struth ofrece un retrato de una localización icónica de la cultura occidental, se antoja desde un primer momento como enigmática y misteriosa. El espectador tan sólo puede intuir que la imagen fue tomada en Asia; los interrogantes le asaltan, y se ve obligado a realizar un esfuerzo para acercarse a la fotografía que está contemplando. Mira el título, pero éste tan sólo le ofrece una pequeña información complementaria: estamos en un mercado de verduras frescas en el centro de una importante -al tiempo que desconocida- metrópoli de la renovada China, Wuhan, capital de la provincia de Hubei, una población con más de nueve millones de personas conocida como “la Chicago” de este país asiático por su riqueza industrial. Struth ha vuelto a hacernos cómplices del sutil juego de la mirada. Una mirada que él, como pocos, sabe siempre descomponer en diferentes estratos de conocimiento.

 Alberto Sánchez Balmisa  


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Thomas Struth

Times Square, N.Y., 2000

Fotografía | C-print
179,3 x 212 cm.

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  A finales de los años 70, Thomas Struth comenzó a fotografiar las calles de Düsseldorf. Sus imágenes eran sencillas, de tamaño medio, siempre en blanco y negro. El objetivo del artista era configurar un registro, una clasificación analítica de un sujeto único y reconocible: la ciudad donde estudiaba, muy cercana, por otra parte, a su localidad natal. Sus intereses formales se situaban próximos a los de sus maestros Bernd & Hilla Becher: un punto de vista centralizado, casi igual al que podría tener cualquier caminante, marcaba un eje prácticamente simétrico en la escena; las calles de la metrópoli se mostraban vacías, revelando la desnudez de unos edificios convertidos en esculturas gracias a un privilegiado manejo de las luces y las sombras.

Durante las siguientes décadas, Thomas Struth expandió su proyecto a diferentes ciudades de Europa Occidental, América y Asia. Su característica acumulación inicial de imágenes de una misma metrópoli iría dejando paso, progresivamente, a instantáneas de localizaciones urbanas aisladas, algunas muy reconocibles para el hombre, en un intento de capturar las transformaciones históricas acaecidas en esas capitales. Al mismo tiempo, el artista abandonaba la perspectiva ortogonal y comenzaba a emplear la fotografía en color de gran formato.

Times Square, en este sentido, representa un ejemplo paradigmático de la evolución experimentada por el autor a lo largo de su trayectoria. El tiempo se detiene en la conocida intersección de la Séptima Avenida, la Avenida Broadway, y las calles comprendidas entre la 42 y 47 Oeste, en pleno Manhattan; un famosísimo emplazamiento urbano rebautizado a partir de la mudanza de las oficinas del periódico The New York Times a este área de la ciudad a principios del siglo pasado. Un testigo mudo de nuestro tiempo que tras una época de esplendor cayó en el olvido y fue considerado durante buena parte del siglo XX como un símbolo de la decadencia y la inseguridad de la ciudad de los rascacielos. Un icono, también, retratado en infinidad de conocidas películas como Cowboy de Medianoche (1969) o Taxi Driver (1976).

Struth nos ofrece una imagen de grandes dimensiones que presenta un instante cotidiano, contemporáneo. Sin embargo, apenas hay rastro del ajetreo propio de Times Square. Probablemente, la instantánea fue tomada cuando la “ciudad que nunca duerme” comenzaba a despertar de su letargo nocturno. En la parte central se observa la gigantesca pantalla digital de 36 metros erigida por el índice tecnológico de la bolsa estadounidense NASDAQ en enero de 2000, no por casualidad el mismo año en que la fotografía fue realizada. Un verdadero prodigio de la técnica, capaz de generar el mayor número de impresiones publicitarias por minuto en una plaza ya de por sí saturada con multitud de neones, rótulos y otros plasmas cargados de imágenes en movimiento. Precisamente, en uno de estos últimos, el situado a la derecha de la fotografía y conocido como Panasonic Astrovisión, Thomas Struth mostraría su trabajo unos años más tarde, en 2003, dentro del programa de videoarte desarrollado por Creative Time titulado The 59th Minute, destinado a mostrar las creaciones en vídeo de artistas como Fischli & Weiss, William Wegman, Gary Hill, o William Kentridge. Un programa que coincidió en el tiempo con la exposición individual de Struth en el Metropolitan Museum de Nueva York, la más completa celebrada hasta la fecha sobre el artista.

Alberto Sánchez Balmisa  


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