Encabezado_ArtistasYobras_centro


Biografia_CentroObras_Centro


Cindy Sherman

 

Es el  año de 1977 y Sherman, con veintritrés años y siendo una estudiante de la State College University of New York en Buffalo, empieza su carrera en Nueva York. El eco del trabajo se expande pronto debido a la eficacia de su propuesta y a los problemas teóricos que plantea en un momento en el cual dichos problemas forman parte de la discusión generalizada. De hecho, su producción, que se mueve en torno al estereotipo femenino y las posibles relecturas a través de las representaciones de la mujeres en los medios de masas –sobre todo el cine-, la inserta dentro de una generación que a partir de esas fechas va tomando posiciones dentro de un contexto preparado para el cambio, incluso más allá de ese arte que se llamará “feminista”. La generación a la cual pertenece – Levine, Prince, Kruger, entre otros- toma la fotografía como punto de partida, nunca de llegada; como campo de experimentación y revisión del medio mismo y del arte como concepto. Siguiendo la estela de Andy Warhol, no en vano fueron llamados “warholitas”, estos creadores que adquieren su máxima difusión en los 80 del XX están más próximos al arte conceptual que a la fotografía o, como comentaba la crítica, son más artistas que fotógrafos, planteando un problema básico: lo importante ocurre siempre antes de click.

Estrella de Diego 



_Mes_Obres


 Cindy Sherman


Artiste_AnteriorArtista_Siguiente



Encabezado_ArtistasYobras_centro


Biografia_Centro Flecha_Der_CentroObras_Centro
Flecha_Izq_Centro

linea_baja

Cindy Sherman

Untitled, 1994

Fotografía | C-print
127 x 84 cm.
CS.0001-
 

 

Las fotos de Sherman representan un cambio esencial en los 80: pese a mantener las propuestas de los 70 de arte no vendible las convierte en productos de mercado. De hecho, es una performer que utiliza la fotografía a partir de unos esquemas muy conceptuales, siendo ella modelo y autora de la obra: lo importante no es el acto de hacer la foto sino lo que precede al acto mismo, la intencionalidad implícita, aunque al final se trate de un producto que no sólo se enmarca y se expone, sino que se numera y se vende. Sea como fuere, si es verdad que el trabajo de Sherman plantea una propuesta cercana a cuestiones de género -pues en su obra se pone de manifiesto el punto tangencial entre la mujer como objeto y como sujeto-, no es menos cierto que por esta misma peculiar característica hay un momentos en que la artista siente que sus imágenes son demasiado atractivas y al adquirirlas el coleccionista se lleva a casa la obra y  a la artista.

Por esta razón las creaciones que Sherman va realizando a partir de los años 90 son consecuencia lógica de esa sospecha. A partir de las instantáneas de los restos de comida –incluso simulaciones de vómitos- de  finales de los 80, trabajos que la crítica ha relacionado con el concepto de “lo abyecto” en Kristeva  -lo que molesta al orden, al sistema-, Sherman optaba por subvertir los propios estereotipos de mujeres que había ido creando a lo largo de una década y que, a su vez, se habían convertido en otra especie de estereotipo.

Es en este punto donde, tras una década usando un lenguaje muy cercano a los medios y denunciando a esos medios a partir de una imagen mediática como el falso espejo que promociona identificaciones alienantes, Sherman vuelve lo ojos hacia fórmulas más radicales en las que termina incluso por desaparece como modelo, siendo  al final sustituida la presencia humana por seres inanimados como muñecas o máscaras -tal y como ocurre en Masks (1994-95). Esta serie culmina un proceso a mitad de camino entre lo grotesco y lo gótico, cierta búsqueda sistemática de lo anticanónico como antídoto a los estereotipos que sus antiestereotipos han ido creando. Se trata de una estrategia que se va gestando en años anteriores y más en concreto  en series como History Portraits (1988-90) –puesta en escena de retratos del exceso que reproducen los modos de los viejos maestros- y Sex Pictures (1992) –cuya pornografía reside en el uso de unos maniquíes obscenos. Por fin, en Horror and Surrealist Pictures (1994-96) los cuerpos se desintegran, proponiendo cierto juego fantasmal que, de alguna manera, aparece ya en esta fotografía. Aquí se han desbordado los estereotipos femeninos y se ha exasperado la imagen gotizante y terrorífica en este personaje ambiguo, andrógino, incluso masculino, cubierto el rostro por una especie de careta, otra vez. Es parte de las  fórmulas de ataque y aniquilación que Sherman propone contra esa belleza femenina canónica e impuesta que  la artista trata de desenmascarar a lo largo de los años.

Estrella de Diego 


Flecha_Top_Centro


Biografia_Centro Flecha_Der_CentroObras_CentroFlecha_Izq_Centro

linea_baja