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Carsten Höller

(Bruxelles, 1961)

El artista alemán Carsten Höller nació en Bruselas en 1961. Inició su carrera artística mientras estudiaba zootecnia y esta formación se pone de manifiesto en parte de su obra. Höller ha expuesto en bienales como Manifesta, Venecia, Lyon y São Paulo. En 1997 participó en la Documenta X y ha presentado proyectos individuales tanto en la Tate Modern (2006) como en el museo Guggenheim (2008).

Höller produce lo que llama “máquinas de confusión”, que usualmente son instalaciones de grandes dimensiones. Su método de trabajo se caracteriza por sistemas abiertos que emplean una gran cantidad de materiales, sonidos y colores, de los que no se desprende una idea dominante. De este modo, Höller lleva a los espectadores a entablar un intercambio sensorial y mental en el que los principales ingredientes son la duda y la perplejidad.

La obra de Höller gira en torno a un cierto número de temas. A menudo utiliza sujetos dobles, coloca elementos patas arriba y crea efectos que oscilan entre varias realidades. Frecuentemente aparecen animales y otras formas de vida, como las setas. Höller también explora la idea de juego y descubrimiento: instala toboganes de parque de atracciones en el espacio expositivo o estructuras en las que se puede entrar o que simplemente se pueden observar, como tiendas inflables o grandes esferas de plástico.

Höller ha realizado películas en colaboración con otros artistas, como Rikrit Tiravanija.

 

Jeffrey Swartz


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Carsten Höller

Carrara Ottovolante, 2007

Fotografía | C-print montada sobre aluminio
92,4 x 123,8 cm.
CAH.0002-

Carsten Höller crea instalaciones y obras esculturales con una gran cantidad de lecturas posibles que desafían la percepción del espectador y cuyos resultados a menudo son desconcertantes. El artista obtiene resultados parecidos con una serie de fotografías de parques de atracciones de todo el mundo, proyecto en curso que realiza de forma conjunta con el fotógrafo Attilio Marazano.
Pese a que Marazano es conocido como fotógrafo de obras de arte, en este caso Höller lo ha empujado a trabajar más creativamente. La serie comprende imágenes en color ligeramente fuera de registro de tiovivos y otras atracciones de feria. Usualmente, dichas máquinas se fotografían de noche, iluminadas por sus extravagantes conjuntos de bombillas intermitentes y tubos de neón.
Tal como se puede apreciar en las dos fotografías C-print de gran formato montadas en aluminio Monte dei Marmi Ballerina y Carrara Ottovolante (ambas de 2007), las imágenes de atracciones de feria de Höller poseen varios niveles de lectura.
Los tiovivos giran y hacen girar a los pasajeros por el espacio, generando experiencias sensoriales fuertes, entre las que destaca la impresión de haber perdido el control. El sentimiento de desorientación se incrementa con la luz y el sonido, sobre todo de noche, cuando los pasajeros pierden los puntos de referencia exteriores a la atracción y quedan completamente sumergidos en su ritmo interno.
No obstante, estas imágenes son distintas en la medida en que Höller ha manipulado la representación fotográfica. Al observarlas, identificamos el ámbito de la feria y, al mismo tiempo, estamos confrontados con la alteración de la imagen que se obtiene al imprimir el color de una manera irregular. Las atracciones adquieren una apariencia insustancial, casi fantasmagórica, en sintonía con el impacto delirante que supuestamente provocan en sus pasajeros.
El efecto visual en Monte dei Marmi Ballerina y Carrara Ottovolante es inquietante. La impresión off-set genera una vibración o intermitencia superficial, una distorsión perceptiva que involucra al cerebro, que busca corregir o resolver la representación alterada. Pero este esfuerzo es inútil ya que el espectador es incapaz de enfocar la imagen completamente.
Höller ha utilizado las atracciones de feria de distintas formas. Ya en 1994 había creado una máquina voladora en la que los espectadores podían atarse con un arnés y dar vueltas en el aire. Desde entonces, Höller ha instalado a menudo tiovivos y otras atracciones en las galerías.
Esta línea de trabajo culminó con “Amusement Park” en el MOCA de Massachusetts (2006), cuando se instalaron cinco antiguas atracciones de feria en el espacio expositivo. Las máquinas se pusieron en funcionamiento a distintas velocidades o en marcha atrás, y los espectadores no estaban autorizados a subir en ellas. Vistas desde fuera, funcionaban como esculturas cinéticas, estructuras que giraban alrededor de un eje fijo a la vez que trazaban un patrón repetitivo.
Ante la diversidad de opciones de entretenimiento que ofrece la sociedad contemporánea, resulta sorprendente que los parques de atracciones continúen teniendo éxito. Son lugares donde máquinas pertenecientes a una época anterior se utilizan para la diversión en una forma esencialmente pasada de moda. Ello se debe a que la realidad virtual no ha logrado reemplazar todavía la intensidad de las experiencias físicas y sensoriales de las atracciones de feria.

Jeffrey Swartz


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Carsten Höller

Forte dei Marmi Ballerina, 2007

Fotografía | C-print montada sobre aluminio
92,4 x 124 cm.
CAH.0001-

Carsten Höller crea instalaciones y obras esculturales con una gran cantidad de lecturas posibles que desafían la percepción del espectador y cuyos resultados a menudo son desconcertantes. El artista obtiene resultados parecidos con una serie de fotografías de parques de atracciones de todo el mundo, proyecto en curso que realiza de forma conjunta con el fotógrafo Attilio Marazano.
Pese a que Marazano es conocido como fotógrafo de obras de arte, en este caso Höller lo ha empujado a trabajar más creativamente. La serie comprende imágenes en color ligeramente fuera de registro de tiovivos y otras atracciones de feria. Usualmente, dichas máquinas se fotografían de noche, iluminadas por sus extravagantes conjuntos de bombillas intermitentes y tubos de neón.
Tal como se puede apreciar en las dos fotografías C-print de gran formato montadas en aluminio Monte dei Marmi Ballerina y Carrara Ottovolante (ambas de 2007), las imágenes de atracciones de feria de Höller poseen varios niveles de lectura.
Los tiovivos giran y hacen girar a los pasajeros por el espacio, generando experiencias sensoriales fuertes, entre las que destaca la impresión de haber perdido el control. El sentimiento de desorientación se incrementa con la luz y el sonido, sobre todo de noche, cuando los pasajeros pierden los puntos de referencia exteriores a la atracción y quedan completamente sumergidos en su ritmo interno.
No obstante, estas imágenes son distintas en la medida en que Höller ha manipulado la representación fotográfica. Al observarlas, identificamos el ámbito de la feria y, al mismo tiempo, estamos confrontados con la alteración de la imagen que se obtiene al imprimir el color de una manera irregular. Las atracciones adquieren una apariencia insustancial, casi fantasmagórica, en sintonía con el impacto delirante que supuestamente provocan en sus pasajeros.
El efecto visual en Monte dei Marmi Ballerina y Carrara Ottovolante es inquietante. La impresión off-set genera una vibración o intermitencia superficial, una distorsión perceptiva que involucra al cerebro, que busca corregir o resolver la representación alterada. Pero este esfuerzo es inútil ya que el espectador es incapaz de enfocar la imagen completamente.
Höller ha utilizado las atracciones de feria de distintas formas. Ya en 1994 había creado una máquina voladora en la que los espectadores podían atarse con un arnés y dar vueltas en el aire. Desde entonces, Höller ha instalado a menudo tiovivos y otras atracciones en las galerías.
Esta línea de trabajo culminó con “Amusement Park” en el MOCA de Massachusetts (2006), cuando se instalaron cinco antiguas atracciones de feria en el espacio expositivo. Las máquinas se pusieron en funcionamiento a distintas velocidades o en marcha atrás, y los espectadores no estaban autorizados a subir en ellas. Vistas desde fuera, funcionaban como esculturas cinéticas, estructuras que giraban alrededor de un eje fijo a la vez que trazaban un patrón repetitivo.
Ante la diversidad de opciones de entretenimiento que ofrece la sociedad contemporánea, resulta sorprendente que los parques de atracciones continúen teniendo éxito. Son lugares donde máquinas pertenecientes a una época anterior se utilizan para la diversión en una forma esencialmente pasada de moda. Ello se debe a que la realidad virtual no ha logrado reemplazar todavía la intensidad de las experiencias físicas y sensoriales de las atracciones de feria.

Jeffrey Swartz


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