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Patricia Dauder

Sense titol, 2013

Edició
21 x 29,7 cm


En Sense títol (Sin título), Patricia Dauder recupera una imagen que había empezado a trabajar en el año 2001. La imagen era el resto de una escultura que había realizado con yeso y pigmento. Cubierta con papel, la masa resultante dejó unas marcas en el papel que la artista recortó y fotografió. Una imagen guardada y recurrente que recuperó años más tarde con motivo de la ceremonia del aceite. A partir del aspecto orgánico e incluso vegetal de la imagen, Patricia la trabajó de nuevo, esta vez con imágenes de archivo, que transfirió a papel, interviniendo en ellas.«Trabajar con un elemento que es comestible pero que se ha de procesar y del cual extraes una sustancia, me hace pensar en unos trabajos iniciados en 2001-2001, muy incipientes, que eran las primeras tentativas un poco compactas sobre cosas culturales que yo había hecho. Hice una mezcla de pigmentos con yeso y la pieza empezó a tener vida propia. Al pasar las semanas y los meses, podías ver como había tenido lugar una reacción química, y en una de estas fases cubrí estas piezas con papeles. La propia sustancia del papel produjo unas formes, incluso recortó las formas como un envoltorio. Algunos de estos envoltorios eran como pieles extrañas, como una marca o como una huella de aquel tubérculo. Guardé un par de ellas. Una de ellas empecé a fotografiarla. La pieza tenía originalmente una tonalidad verde-amarillenta y la pasé a blanco y negro. A partir de esa fotografía y del papel realicé una edición, que en realidad era una falta edición porque no eran piezas seriadas, sino que cada una de ellas era única. Cogía las fotografías y las pasaba a otro soporte, otro papel, pero cada traspaso que hacía era diferente. (…) Las fuentes en las que me fijo son cosas que tienen que ver con el mundo del paisaje, la naturaleza, la fenomenología y el paso del tiempo».

Patricia Dauder

 

 


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Patricia Dauder

Extensions, 2012

Dibujo | Composición de 6 dibujos, técnica mixta sobre papel en vitrina de plexiglas (opcional)
85 x 100 x 75 cm.

extensions

Extensions forma parte de una serie de cuatro «mesas» de dibujos seleccionados y agrupados por la misma artista según su familiaridad temática o formal, a pesar de haber sido realizados en momentos y contextos diversos. Estos cuatro grupos nacen en 2011, en un momento de balance y ordenación de un corpus disperso de dibujos, un material propio que Dauder quiso revisitar. Son cajas de metacrilato diseñadas para que los dibujos puedan ser mostrados tanto en sentido vertical como en sentido horizontal.En el caso del conjunto titulado Extensions, encontramos seis dibujos sacados de libretas, dibujos que fueron hechos sin ninguna finalidad concreta o como dibujos preparatorios de otras piezas. En los seis hay superposiciones, planos y capas. Hay un querer ir a ras de suelo o seguir alguna horizontalidad, a pesar de que las perspectivas en diagonal les den un sentido de fuga, de movimiento. Podrían ser dibujos de ficciones arquitectónicas o urbanísticas a los que la vista aérea da una afinidad de conjunto. Son paisajes imaginarios y evocativos, más que descriptivos y cerrados; dibujos sutiles y complejos que no reniegan de su extrañeza. De hecho, a pesar de su aspecto pseudo-arquitectónico, son dibujos realizados desde la intuición, muy libres, y es sólo a posteriori que la artista ha encontrado vínculos entre ellos.En Extensions los dibujos evocan la tradición de arquitecturas y urbanismos utópicos y sus tipologías básicas. Encontramos conexiones con la vanguardia y también con culturas precolombinas y otras tradiciones vernáculas. Se evocan también los estratos arqueológicos, a modo de construcciones «negativas», de disección de estructuras y planos imaginarios donde se hacen visibles las diferentes capas que componen el dibujo, así como se sugieren otras formas en potencia, como «una arquitectura que deja de ser arquitectura», en palabras de la artista.Son dibujos hechos a lápiz, definidos e inconclusos a la vez. Un práctica, la del dibujo, que para Dauder es un trabajo paralelo, a menudo al margen de las piezas más grandes y terminadas. Es el del dibujo un ejercicio más primario, de donde surgen y desde donde se liberan aspectos latentes o enterrados. El dibujo es vivido como una actividad necesaria para que el proceso creativo vaya funcionando, para ordenar impulsos, para destilar y visualizar, de cerca y de lejos, para estudiar y reflexionar, aunque a menudo las composiciones que resultan no tengan ninguna función o destino concreto. Algunos dibujos son rápidos y espontáneos, otros lentos y trabajados en diferentes fases.Al fin y al cabo, el misterio que plantean estos dibujos es la capacidad de la mano de la artista para ser un canal transmisor y traductor de huellas retinales, de rastros de la memoria, de la acumulación desigual de recuerdos. Con el dibujo, estos elementos pueden volver a surgir en nuevas configuraciones transformadas por su paso más o menos prolongado por los circuitos neuronales. Surgen de ellos figuras e imágenes nuevas que alimentarán a su vez, nuevos ciclos de huellas y de asimilaciones perceptivas que se traducirán en quien sabe qué nuevas configuraciones de la mano de quien sabe qué otro artista. Y es que, al fin y al cabo, nos encontramos en una gran cadena de transmisión de la cual los dibujos son un registro puntual, un eslabón que fija un instante de este dinamismo incansable.Martina Millà

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Patricia Dauder

 (Barcelona, 1973)

 

Patricia Dauder se formó como artista en Barcelona y Holanda en los años  noventa. Desde entonces hasta hoy, su práctica se ha desarrollado de forma consistente en los terrenos del dibujo, la escultura, el cine y los libros de artista, así como, en menor medida, la fotografía. Sus obras son el resultado de procesos de trabajo lentos e intuitivos, en los cuales la exploración formal guiada por la intuición y el azar desempeñan un papel relevante. Asimismo, el concepto de montaje resulta clave para Dauder: de ahí que sus piezas, a menudo, acaben adopotando la forma de conjuntos formados por varios elementos que guardan una estrecha relación mutua.

Aunque muchas de las obras de Dauder tienen como punto de partida la observación del entorno físico inmediato y real, a lo largo del proceso creativo sucede con frecuencia que lo figurativo retrocede hasta casi desaparecer, convirtiéndose en una mera huella, o en un rastro apenas perceptible. A esta idea de huella se vincula, en muchos de sus trabajos, la  profundidad, un elemento recurrente que Dauder explora mediante métodos como la superposición de capas, el rascado de las superficies o el vaciado de volúmenes. De igual manera, en sus obras cinematográficas y en sus libros la dimensión temporal que marca el ritmo de contemplación impuesto por el propio formato se convierte en un elemento de exploración gracias al cual Dauder, logra expandir el potencial de significados de sus piezas.

Mela Dávila

 

 


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Patricia Dauder

41º08’56.66″ N/ 08º36’43.60″ W, 2013

Libro de artista
49 x 34,1 cm 100 pág.


Para la publicación 41°08’ 56.66” N / 08° 36’ 43.60” W (2013), que apareció con el número 35 de la colección de libros de artista Cru, Patricia Dauder trasladó al soporte editorial un dibujo de gran formato del mismo año. En aquel dibujo, que se presentó en la Fundaçao Serralves de Oporto, una serie de fragmentos blancos a modo de líneas discontinuas recorrían, a diferentes alturas, una superficie negra. Dauder había creado el dibujo original, que constaba de doce partes, durante una residencia en Oporto, tomando como inspiración sus paseos a lo largo del río Duero. El proceso de realización del dibujo, considerablemente lento, consistió en cubrir con grafito cada una de las doce secciones de papel para, seguidamente, ir borrando ciertas partes, a fin de hacer emerger zonas claras sobre el fondo negro.

Libro y dibujo recibieron su título de las coordenadas de un lugar real y concreto, evocador de las representaciones cartográficas clásicas, lo cual contrasta con el carácter abstracto de la imagen. La promesa de la representación visual de un paisaje, una ruta o un viaje no identificable que entraña tal título provoca una inesperada tensión cuando, al ir pasando las páginas, el observador las descubre cubiertas por completo por superficies negras, en las que la interacción entre zonas claras y oscuras es leve y sutil. La orografía real, en este proyecto, parece haber sido sustituida meramente por un “paisaje emocional” en el que apenas si resultan apreciables ciertos rastros en la oscuridad o bien, quizás, las zonas de contacto entre agua y tierra en el lugar físico que sirvió de inspiración para la imagen. El contenido de la publicación responde, así, a dos motivaciones simultáneas y, en apariencia, paradójicamente contradictorias: el interés de la artista por trabajar con sensaciones espaciales, atmósferas y mapas topográficos, combinado con su voluntad consciente de dar visibilidad al concepto de ausencia, entre otras formas, optando por no representar una escena.

La experimentación de Dauder con elementos propios del género cinematográfico, como son la captura de la experiencia de la luz y el impacto del montaje, ha sido una constante en su obra desde 2005. En 41°08’ 56.66” N / 08° 36’ 43.60” W, el montaje y la secuencialidad del cine se transforman, sobre el papel, cuando la artista despliega la imagen a lo largo de la sucesión de páginas, de tal modo que sea el ritmo de “lectura” el que marque los tiempos de recepción. La temporalidad se suspende mediante la eliminación de cualquier anclaje referencial externo a la imagen. Así, el libro tiene su propio tiempo interno, un tiempo ajeno al devenir más allá de sus páginas que se corresponde con la noción de “tiempo suspendido”, que la propia artista identifica como un elemento característico de su práctica artística. Es así como, aunque libro y dibujo presentan una misma imagen, la publicación exige por parte del observador una actitud de interpretación y lectura radicalmente distinta a la que demandaría el dibujo mural.

Mela Dávila


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