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Christine Borland

 

 

Christine Borland (1965, Darvel, Ayrshire, Escocia). Estudió Bellas Artes en la Glasgow School of Art y en la University of Ulster (Belfast), actualmente vive y trabaja en Kilcreggan, Argyll. Se trata de una de las artistas escocesas más internacionales y reconocidas de la actualidad. Formó parte del grupo de artistas denominado como Young British Artists (YBAs) que irrumpieron en la escena de del arte internacional a mediados de los noventa de la mano del coleccionista y publicista Charles Saatchi . Su búsqueda estética hace alusiones muy explícitas al ámbito de la medicina anatómico forense, sublimando aspectos terriblemente oscuros y truculentos vinculados a la muerte y la despersonalización de los cadáveres. A grandes rasgos puede afirmarse que sus esculturas, vídeos e instalaciones son caminos que cruzan las fronteras entre aquello más corpóreo y físico hacia aspectos identitarios y esenciales de la condición humana. Últimamente algunos de sus proyectos se han interrogado más profundamente sobre cuestiones éticas vinculadas a la investigación científica y a las relaciones entre médico y paciente. En 1997 fue nominada al Turner Prize y ha realizado importantes exposiciones individuales en la Fabric Workshop and Museum (Philadelphia), De Appel (Amsterdam), Fundaço Serralves (Lisboa) y en el Museum für Gegenwartskunst (Zurich).

Amanda Cuesta
 

 


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Christine Borland

The velocity of drops. Copse, 2006

Fotografía | C-print
25 x 25 cm. (x6)
CB.0002-
Las seis imágenes fotográficas que componen esta serie forman parte de un proyecto en curso y de largo recorrido en el que Christine Borland retrata sandías reventadas y despedazadas en diversas localizaciones, cuya descripción aparece siempre en forma de subtítulo. Es el caso de las subseries ‘The Velocity of Drops: Middle Ward’ o ‘The Velocity of Drops: Operating Theatre’. En este caso Borland ha retratado sus emblemáticas sandias en un misterioso bosquecillo o floresta (copse, en inglés). Las fotografías pertenecientes a esta conocida serie, que lleva años completándose con nuevas entregas en casi todas sus exposiciones, siempre aparecen enmarcadas como si se tratase de diapositivas. Generalmente se presentan por grupos, como si cada una de ellas fuese una imagen capturada de una misma secuencia narrativa. En realidad es su potencialidad narrativa, su capacidad para apelar al espectador provocándole un interés por conocer los detalles de lo que allí sucedió, uno de los aspectos que más interesa a la artista. Y es que hay algo realmente trágico y morboso en estas imágenes, algo que va implícito en su título, y al juego de palabras que lleva implícito, y que nos sitúa entre un experimento de física elemental y un melodrama en seis tiempos. Más allá de las analogías formales y de color que puedan establecerse entre el cuerpo humano y esta jugosa fruta, las sandías son utilizadas en medicina forense porque oponen la misma resistencia a la caída que la cabeza humana y permiten establecer la distancia y velocidad con la que se un cuerpo se precipita al vacío. De ahí que se considere que The velocity of drops (la velocidad de las Gotas o de las Lágrimas, en inglés) reconoce la belleza inherente en la destrucción, sirviendo a la vez como recordatorio de las cualidades y la vulnerabilidad de la morfología y la condición humana. En concreto el motivo del cráneo, de la calavera, a servido a Christine Borland como motivo central de gran número de obras, especialmente en vinculación a las técnicas de reconstrucción anatómica y antropológica utilizadas por la ciencia, como en su emblemático proyecto ‘Mortui Vivos Docent’ para Sculpture Projects in Münster (1997). Sin duda ésta serie fotográfica, The velocity of drops, forma parte de uno de los ejes centrales en la trayectoria de la artista, exponente de uno de los temas que más le han interesado, el de la taxonomía de la muerte. El trabajo de Borland nos pide considerar los modos mediante los que se explota y devalúa la vida en la distancia fría de la investigación científica. Explorando el tema tradicional de la mortalidad, a partir de un ejercicio de estetización extrema de la violencia, la artista produce unas fotografías tan seductoras como abyectas.

Amanda Cuesta


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Christine Borland

Preserves, 2006

Instalación | Estantes de madera y 30 frascos de compota de manzana
Dimensiones variables

CB.0001-

 

La obra, realizada en 2006 para la exposición individual de la artista en la Galería Toni Tapies de Barcelona, se compone de unas estanterías de madera lacada en blanco en las que se distribuyen treinta frascos de compota de manzana hecha, según la artista, con manzanas del árbol de Isaac Newton. Siempre que oímos el nombre de Newton, pensamos con la famosa historia en la que formuló la ley de la gravitación universal. El relato popular del origen de esa teoría dice que Newton la concibió en el verano de 1666 tras ver caer una manzana de un árbol. El relato es imposible de confirmar, pero la tradición ha señalado un árbol de la granja familiar como aquel del que cayó la manzana. Cuando el árbol murió en 1820, fue cortado a trozos, que fueron cuidadosamente conservados como una reliquia. De ahí que la alusión a la compota de manzanas de Newton sea de tipo metafórico, haciendo referencia a aquello que inspira el conocimiento científico, el lugar de donde surgen las ideas o donde las ideas se mezclan y se conectan. Entre los intereses de Christine Borland el ambiente del laboratorio y las situaciones en que se fabrica el conocimiento científico han sido asuntos recurrentes. Entre otras cosas porque hay algo esencialmente humano en las capacidades creativas y puede decirse que esa es una de las preguntas últimas que se hace la artista. De ahí que la evocación a esa célebre epifanía para la Física mecánica encaje a la perfección dentro de sus intereses. La obra, por otro lado, encierra posiblemente un homenaje secreto a otro célebre y veterano artista británico, Tony Cragg (Liverpool, 1949), también representado por la Lisson Gallery, como la misma Borland. Se dan coincidencias demasiado explicitas a algunas de las obras más famosas de Cragg para no pensar en la intencionalidad de la cita. La continua alusión al mundo de la Ciència de Cragg le llevó a tratar de dar forma a algunos de sus conceptos, como la teoría corpuscular de la luz de Newton, que el artista materializó a partir de los objetos de plástico encontrados alrededor de la Lisson Gallery que luego ordenó por colores siguiendo los experimentos con prismas del científico para dar lugar a su celébre y mítica obra ‘New Stones, Newton’s Tones’ (1978). La colección de compotas de Borland alude igualmente a otra obra bien conocida de Cragg ‘Larder’ (1990), que se compone de una acumulación de tarros de conserva. Sin duda en esta obra Borland hace una reivindicación bastante explícita al maestro, que no en vano ha sido uno de los máximos exponentes del movimiento de renovación de la escultura británica. Influenciado por Tony Cragg, el trabajo de Christine Borland se caracteriza por llevar a cabo una resolución formal preciosista e impecable de las obras, donde cada pieza tiene un tratamiento de orfebre, con alusiones a las piedras y metales preciosos, que contrasta, como en el caso de ‘Preserves’, con los aspectos más orgánicos y corruptibles de la materia.

Amanda Cuesta 

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