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Iñaki Bonillas

(México DF, 1981)

 

A Iñaki Bonillas (Ciudad de México, 1981) se le ha descrito como un fotógrafo que nunca hizo una foto. Es una exageración, por supuesto, pero aun así, contiene algo de verdad:  y es que la mayor parte de la obra del artista comienza a partir de las fotos que tomó su abuelo, J.R. Plaza. Aficionado al medio, J.R. Plaza documentó su propia vida a través de la cámara. Su archivo, heredado por Bonillas, es una pieza de su tiempo, no solo del México de mitad del siglo XX, sino también de la cultura visual de un cierto periodo. Desde 2003, Bonillas toma de este archivo la materia prima para su trabajo, comprometiéndose con él de manera rigurosamente conceptual. La ejecución sistemática de la proposición conceptual de Bonillas (que toma forma en impresiones re-fotografiadas, diapositivas, película, y algunas veces también lenguaje, dibujo o incluso música) se refiere a las prácticas archivísticas, a los aspectos no-imagen de la fotografía, y a la formación de narrativa y sentimiento a través de la clasificación. Por ejemplo, ha seleccionado todo los retratos en los que salen ojos cerrados, ha ordenado las fotos verticales del álbum, ha realizado el seguimiento de una figura que fue repetidamente recortada, o ha revelado las notas escritas a mano de sus dorsos. De esta forma, Bonillas elude lecturas más nostálgicas de la fotografía, y por lo contrario, cuenta una historia del medio de forma amplia, tomando la imagen como objeto, como contenedor de abstracción, de información conceptual. En 2012, La Virreina de Barcelona mostró la mayor parte del trabajo de Bonillas con el archivo de J.R.Plaza.

Sarah Demeuse

 


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Iñaki Bonillas

Serie Tineidae, 2010

Fotografia | Impresión sobre gelatina de plata
Conjunto de ocho fotografías
Diferentes dimensiones (#2 36,6 x 28,1 cm | #3 23,7 x 31,1 cm |  #7 20,8 x 27,8 cm | #8 21,7 x 29,6 cm | #1′ 29,7 x 36,6 cm | #13 28,2 x 28,2 cm | #16 24,6 x 19,7 cm | #20 31,2 x 31,1 cm)
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Tineidae empieza con una selección de veinte fotos del archivo de J.R. Plaza. Todas ellas hablan de júbilo veraniego, y muestran cuerpos humanos parcialmente desnudos. Bonillas expuso réplicas en blanco y negro de estas imágenes a las polillas. La presentación enmarcada final de estos trabajos muestra las marcas de los insectos como manchas blancas; algunas, meras delicadas perforaciones, otras dibujando un rastro a través de la imagen.

Normalmente, cuando encontramos agujeros en las fotografías, se trata de un caso de censura. A menudo, es el fotógrafo quien ha eliminado algo, o a alguien. Esta edición suele aparecer años después, cuando ciertos sombreros han pasado de moda o cuando los amigos se han vuelto enemigos. El agujero es una marca permanente que señala un acto de reinterpretación, y de alianzas o creencias que no son permanentes. Estos perforadores sienten el derecho de su autoridad o posesión sobre la foto y sobre la vida de las memorias que ella produce.

En el extraño caso en el que son las polillas las que se meten en un álbum y se organizan de una forma iconoclásticamente parecida, no se sigue, sin embargo, la misma narrativa. Según se cuenta, las polillas ven muy poco. Por ello, solo se interesan por las fotografías como materia, como materia comestible, de hecho.  Así como Bonillas ha tratado constantemente el archivo de su abuelo como su materia prima, las polillas perciben sus fotos no como signos con carga psicológica, sino como, principalmente, algo en lo que hincar sus dientes. En este proyecto, Bonillas «externaliza» parcialmente la reinterpretación del álbum a un insecto, pero también el animal se lo “apropia” doblemente, y de forma voraz. El hecho de que las polillas se encaren con imágenes de cuerpos humanos resulta en esta particular apropiación en una empresa antropofágica, extrañamente agresiva. De la misma manera en que la polilla era un símbolo de la muerte ambivalente en la pintura moderna temprana, Tineidae contiene un momento vanitas contemporáneo, acelerado.

Agrupando estas 20 imágenes en series tituladas Tineidae, el nombre científico de esta especie de polillas, Bonillas también evoca una constelación ficcional. Es como si los puntos blancos, unos más densamente embutidos que otros en determinadas fotografías, presentaran una carta celestial que resulta configurarse de forma adversa a los antecedentes de las fotos familiares. Aunque en este caso, ese lenguaje natural del que los insectos son autores, consistente en roídas aparentemente aleatorias, aparece después de la existencia de la foto desarrollada. Aquí, el álbum se ha convertido en un ecosistema nuevo para que acciones y signos emerjan más allá del control de J.R. Plaza, su nieto, el censor, el estudio de imprenta… encontrándonos nosotros, los observadores, con un indicador inmediato que nos hace pensar sobre la fotografía y su intencionalidad, sobre las diferentes temporalidades, sobre la no permanencia, e incluso sobre conceptos tan abstractos como naturaleza y cultura; dándonos cuenta de que, al final, todo lo que tenemos son trazos que poco a poco se debilitan.

Sarah Demeuse


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