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Bleda y Rosa

 

Desde principios de los años noventa la pareja de artistas María Bleda (Castellón, 1969) y José María Rosa (Albacete, 1970) desarrollan un trabajo artístico basado en la fotografía. Un trabajo que se ha caracterizado siempre por buscar ir más allá de la imagen fotografiada. Así, en sus series más destacadas, como “Campos de fútbol, “Campos de batalla”, “Ciudades”, “Origen” o “Arquitecturas”, han buscado provocar elipsis temporales. Por ejemplo, en “Campos de batalla” la aparente falta de significación de lo fotografiado contrastaba con las connotaciones históricas de esos mismos espacios en los que han tenido lugar contiendas señaladas históricamente. Con ello no sólo ponen en juego elementos propios de la fotografía, como la mirada o la supuesta objetividad del medio, sino también un solapamiento entre lo natural y lo cultural, entre significante y significado, entre lo visto y lo sabido, entre la imagen y la memoria.

Además de haber participado en múltiples exposiciones y eventos artísticos internacionales como la Manifesta 4 de Frankfurt, en 2008 recibieron el Premio Nacional de Fotografía.

David G. Torres

 


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Bleda y Rosa

Hombre de Tautavel. Cueva de l’Aragó, 2003

Fotografía
124 x 222 cm

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Un bosque, una cueva o una costa marítima escarpada no tendrían mucho que decir por si mismos, más allá de una supuesta belleza sublime aplicada al paisaje. Pero las fotografías de Bleda y Rosa manifiestan una objetividad que de ninguna manera relacionaríamos con una idea del paisaje sublimado romántico. Ni tan sólo con un reportaje fotográfico de naturaleza. Más bien con informes topográficos o, en el terreno del arte, con la tradición conceptual documentalista (Hans Haacke o Dan Graham). No sólo por la objetividad y sequedad de la imagen, también por la pequeña leyenda que acompaña cada imagen y que da una pista sobre de qué se trata: “Hombre de Tautavel”, Homo neanderthalensis” y “Mandibula de Sitges”. Es decir, que esa imagen aparentemente poco significativa remite a los lugares en los que se han encontrado restos arqueológicos de homínidos. Así sucede en toda la serie “Origen”.
En primer lugar, lo que provocan estas obras de Bleda y Rosa es una especie de penetración temporal, entre el estado actual de esos lugares y los miles de años atrás en los que fueron ocupados por nuestros antecesores. Y, en segundo lugar, un desplazamiento de significados: de la aparente no significación a la carga de memoria que sublima la imagen de cada uno de esos lugares. De tal forma que, Bleda y Rosa, no sólo escenifican la operación básica que hace que una imagen sea mucho más que una imagen, porque lo que está en juego es el significado, sino que al hacerlo ponen en juego cuestiones como la memoria, lo significativo y lo insignificate. Es una operación, que va más allá de una concepción estrecha de la fotografía artística para introducir en el dominio del arte. De entrada, porque la operación de cambio de significados, de juegos sobre la significación, es una operación básica del arte contemporáneo que se remonta hasta Duchamp. A continuación, por el juego de referencias, en el deseo de sequedad y obetividad, al arte conceptual. Y, finalmente, por un elemento más esquivo, más complejo y de plena contemporaneidad. Porque en esa operación de índole lingüístico, conceptual, de reflexión objetivada sobre la imagen, es por donde ha entrado, casi sin darnos cuenta, el relato. Al fin y al cabo, las fotografías de Bleda y Rosa funcionan como un relato. El relato de lo que sucedió y lo que no sucede, de lo que significa y lo que no. Un relato construido desde la distancia, desde la conciencia de la imposibilidad de narrar y que sin embargo en la obra de Bleda y Rosa, y en la producción artística contemporánea, ha encontrado un espacio.

David G. Torres 

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Bleda y Rosa

Mandíbula de sitges, 2005

Fotografía
124 x 222 cm.

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Un bosque, una cueva o una costa marítima escarpada no tendrían mucho que decir por si mismos, más allá de una supuesta belleza sublime aplicada al paisaje. Pero las fotografías de Bleda y Rosa manifiestan una objetividad que de ninguna manera relacionaríamos con una idea del paisaje sublimado romántico. Ni tan sólo con un reportaje fotográfico de naturaleza. Más bien con informes topográficos o, en el terreno del arte, con la tradición conceptual documentalista (Hans Haacke o Dan Graham). No sólo por la objetividad y sequedad de la imagen, también por la pequeña leyenda que acompaña cada imagen y que da una pista sobre de qué se trata: “Hombre de Tautavel”, Homo neanderthalensis” y “Mandibula de Sitges”. Es decir, que esa imagen aparentemente poco significativa remite a los lugares en los que se han encontrado restos arqueológicos de homínidos. Así sucede en toda la serie “Origen”.
En primer lugar, lo que provocan estas obras de Bleda y Rosa es una especie de penetración temporal, entre el estado actual de esos lugares y los miles de años atrás en los que fueron ocupados por nuestros antecesores. Y, en segundo lugar, un desplazamiento de significados: de la aparente no significación a la carga de memoria que sublima la imagen de cada uno de esos lugares. De tal forma que, Bleda y Rosa, no sólo escenifican la operación básica que hace que una imagen sea mucho más que una imagen, porque lo que está en juego es el significado, sino que al hacerlo ponen en juego cuestiones como la memoria, lo significativo y lo insignificate. Es una operación, que va más allá de una concepción estrecha de la fotografía artística para introducir en el dominio del arte. De entrada, porque la operación de cambio de significados, de juegos sobre la significación, es una operación básica del arte contemporáneo que se remonta hasta Duchamp. A continuación, por el juego de referencias, en el deseo de sequedad y obetividad, al arte conceptual. Y, finalmente, por un elemento más esquivo, más complejo y de plena contemporaneidad. Porque en esa operación de índole lingüístico, conceptual, de reflexión objetivada sobre la imagen, es por donde ha entrado, casi sin darnos cuenta, el relato. Al fin y al cabo, las fotografías de Bleda y Rosa funcionan como un relato. El relato de lo que sucedió y lo que no sucede, de lo que significa y lo que no. Un relato construido desde la distancia, desde la conciencia de la imposibilidad de narrar y que sin embargo en la obra de Bleda y Rosa, y en la producción artística contemporánea, ha encontrado un espacio.
 

David G. Torres
 


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Bleda y Rosa

Homo Neanderthalensis. Valle de Neander, 2004

Fotografía
124 x 222 cm.

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Un bosque, una cueva o una costa marítima escarpada no tendrían mucho que decir por si mismos, más allá de una supuesta belleza sublime aplicada al paisaje. Pero las fotografías de Bleda y Rosa manifiestan una objetividad que de ninguna manera relacionaríamos con una idea del paisaje sublimado romántico. Ni tan sólo con un reportaje fotográfico de naturaleza. Más bien con informes topográficos o, en el terreno del arte, con la tradición conceptual documentalista (Hans Haacke o Dan Graham). No sólo por la objetividad y sequedad de la imagen, también por la pequeña leyenda que acompaña cada imagen y que da una pista sobre de qué se trata: “Hombre de Tautavel”, Homo neanderthalensis” y “Mandibula de Sitges”. Es decir, que esa imagen aparentemente poco significativa remite a los lugares en los que se han encontrado restos arqueológicos de homínidos. Así sucede en toda la serie “Origen”.
En primer lugar, lo que provocan estas obras de Bleda y Rosa es una especie de penetración temporal, entre el estado actual de esos lugares y los miles de años atrás en los que fueron ocupados por nuestros antecesores. Y, en segundo lugar, un desplazamiento de significados: de la aparente no significación a la carga de memoria que sublima la imagen de cada uno de esos lugares. De tal forma que, Bleda y Rosa, no sólo escenifican la operación básica que hace que una imagen sea mucho más que una imagen, porque lo que está en juego es el significado, sino que al hacerlo ponen en juego cuestiones como la memoria, lo significativo y lo insignificate. Es una operación, que va más allá de una concepción estrecha de la fotografía artística para introducir en el dominio del arte. De entrada, porque la operación de cambio de significados, de juegos sobre la significación, es una operación básica del arte contemporáneo que se remonta hasta Duchamp. A continuación, por el juego de referencias, en el deseo de sequedad y obetividad, al arte conceptual. Y, finalmente, por un elemento más esquivo, más complejo y de plena contemporaneidad. Porque en esa operación de índole lingüístico, conceptual, de reflexión objetivada sobre la imagen, es por donde ha entrado, casi sin darnos cuenta, el relato. Al fin y al cabo, las fotografías de Bleda y Rosa funcionan como un relato. El relato de lo que sucedió y lo que no sucede, de lo que significa y lo que no. Un relato construido desde la distancia, desde la conciencia de la imposibilidad de narrar y que sin embargo en la obra de Bleda y Rosa, y en la producción artística contemporánea, ha encontrado un espacio.

David G. Torres

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