Obras de Christine Borland y Daniel Canogar en la exposición Ah, l’art? Ah, l’art! en Can Palauet

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Christine Borland y Daniel Canogar participan en la exposición colectiva Ah, l’art? Ah, l’art!, comisariada por Clàudia Rius en Can Palauet, Mataró

Del 16 de marzo hasta el 19 de maig de 2019



Tiempos convulsos se expone en el IVAM

Gillian Wearing

 


 

Cindy Sherman, Gillian Wearing, Bruce Nauman, Helena Almeida, Rineke Dijkstra, Wolfgang Tillmans, Zush participan en la exposición colectiva Tiempos convulsos

IVAM, Valencia

Del 13 de febrero de 2019 hasta el 19 de abril de 2020

 


 


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Miralda – Joan Serinyana

Olidor, 2018

Escultura | Batea de madera de olivo y tela fotográfica

 

OLIDOR. Acción ceremonial con frutos del huerto y aceite novel en Ca la Maria. Barcelona, 28 de noviembre de 2018

Entre el artista internacional Miralda y los coleccionistas de arte contemporáneo de Cal Cego hay muchas cosas en común y otras por descubrir. Les une el placer de remar a mar abierta entre culturas y tradiciones y el deseo de crear comunidades donde desplegar pequeños rituales de transformación. Recuperar barcos de madera o recetarios de cocina son proyectos de vida que no atienden a directrices de rendimiento material sino de hechizo. En esta convergencia brota un proyecto entre el artista y los coleccionistas, un ceremonial de transmutación del aceite en oro que tiene lugar a Ca la María alrededor de una mesa y con frutos del huerto urbano: OLIDOR.

Una liturgia guiada por Miralda, con el acompañamiento de Montse Guillén y los saberes de Joan Serinyana, que tiene lugar al atardecer cuando la luz da paso a los misterios. El preámbulo de una visita al pequeño huerto de la casa abre las puertas de la naturaleza a los congregados. El grupo prepara la mesa de trabajo disponiendo los frutos recogidos alrededor de una magnífica pieza de madera de olivo, la Batea o plato lavador. La configuración de este bodegón funciona como tabernáculo. Los invitados eligen un ingrediente para emulsionar al aceite novel que contiene la Batea, una pieza artesanal con resonancias míticas. Miralda coge con las dos manos la Batea y la lleva a la mesa de los invitados, un gesto de respeto litúrgico por un objeto que contiene la memoria centenaria.

Este cáliz de madera pasa de mano en mano y se agita con suavidad, se «xinxolla» (por utilizar la palabra tradicional en catalán) para emulsionar el aceite con los frutos: las hierbas aromáticas, la granada o el limón activan sabores y simbolismos sagrados. En 18 cocteleras individuales se mezcla el aceite con los espíritus y los cubitos, rompiendo el silencio con la sonoridad alquímica del recipiente que se agita para hacer un todo de la diversidad. La nueva materia liquida se sirve en vasos de vidrio con caña incorporada y luces led nacaradas. El misterio de la transformación hace surgir el Cocktail Gold Blue Margarita, uniendo naturaleza y cultura, campesinado y arte. Todos beben del grial de luz y las miradas muestran la perplejidad de la experiencia.

Para finalizar esta liturgia de transubstanciación y exaltación de los orígenes y del futuro, de la tierra y sus ofrendas, los acompañantes que sirven la mesa llevan a los asistentes bandejas con trozos de pan de oro y se les invita a mojar el pan con el aceite sobrante. El pan de payés, con muelle y picatoste, está envuelto con pan de oro comestible. En un tiempo de desarraigos culturales y vitales, el artista explora las energías invisibles entre cultura, gastronomía y sociedad leyendo las tradiciones populares y las urbanas de manera visionaria. En esta acción ritual, el artista practica, como lo hace siempre, una forma de creatividad democrática que fusiona el presente con el pasado activando nuestras facultades perceptivas y también nuevas formas de experiencia social.

Para Miralda, es muy importante la materialidad de la forma y también la acción colectiva, en ningún momento practica una idea de arte como territorio cultural autónomo. Todo es mundo, todos los caminos vuleven al origen. La Batea de madera de olivo con vetas sinuosas es la protagonista silenciosa, la pieza más preciada de este ceremonial.

Pilar Bonet


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Antoni Miralda

 En los imaginarios y ceremoniales del artista Antoni Miralda el trabajo doméstico a pequeña escala y las grandes construcciones en el espacio público son procesos creativos de una misma intensidad. De igual manera sus desplazamientos terrícolas le convierten en nómada al tiempo que su alquimia del color y los sabores le asignan una identidad de chamán enraizado a los lugares. Un artista difícil de clasificar, anomalía que le otorga el máximo privilegio para erotizar los manjares y gozar los encuentros gastronómicos.

Nació en Terrassa (Barcelona), zona de fábricas textiles y urdimbres sociales. Viajó y se asentó de joven en el París y Nueva York de los setenta donde dinamiza los procesos de su peculiar tejido estético y sus escenarios de relación. En todo momento guía sus obras y colaboraciones como un antropólogo, una forma de trabajo alejada del solipsismo. Para Miralda el arte es un horno donde cocinar y una mesa para compartir. El mobiliario de este peculiar taller de artista tiene reminiscencias pop y claroscuros mágicos: canibalismo, manjares afrodisíacos, frutos orgánicos, miniaturas bélicas, iconos publicitarios de colores, libros de cocina, bodas paganas, vídeos, recetas de la abuela y museos virtuales.

Sus producciones, inclasificables y por ello imprescindibles, se han mostrado y acontecido en los principales museos, ciudades y eventos internacionales. Múltiples publicaciones difunden las obras y analizan su espíritu creativo. Junto a Montse Guillén pilota el proyecto de vida FoodCulturaMuseum, un museo a la intemperie sin tiempo ni coordenadas. Un proyecto para la eternidad.

En 2018 Antoni Miralda recibe el prestigioso Premio Velázquez de Artes Plásticas por su peculiar manera de trabajar el concepto de ritual y fiesta de manera lúdica y participativa, destacando el carácter político y crítico de sus obras. En otras palabras: El artista sabe que es más importante el pan que el dinero, más la amistad que el éxito.

Pilar Bonet


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Joseph Beuys

Difesa della Natura, 1982

Múltiple | Offset color sobre cartón, firmado por el artista 

35,5 x 44,5  cm.

 

 

La relación del ser humano con la naturaleza es uno de los aspectos centrales del pensamiento de Joseph Beuys. A partir de 1971, Beuys frecuenta Italia donde desarrolla el proyecto DIFESA DELLA NATURA, su propuesta para el surgimiento de una nueva cultura en la que el arte se convierte en un acto cotidiano que va más allá del contexto artístico. En Pescara, en el espacio de Lucrezia De Domizio y Giuseppe Durini, Beuys tiene la posibilidad de experimentar diversos sistemas de cultivo agrícola (entendiendo la agricultura como vinculada a la centralidad del hombre liberado de toda ideología de poder), de explorar esta investigación de la verdad a través de si mismo en la naturaleza. Allí organiza encuentros, acciones y debates como práctica de colaboración, de mejora y de defensa. Entre 1971 y 1985, Beuys desarrolla una serie de trabajos relacionados con el proyecto Difesa della Natura, articulado a partir de las siguientes actuaciones: Encuentro con Beuys (1974), Grassello (1979), Piantagioni (1984), Olivestone (1984) y Proyectos inacabados (1985).

Encuentro con Beuys (1974) es un debate en el que plantea como la naturaleza tiene un tiempo y un espacio infinito, continuo y lineal y una fisicidad terreste, que no puede ser diferente ni lejano de una espiritualidad cósmica, curva, infinita, continua y lineal. En este contexto, plantea las nociones de libre creatividad y el concepto ampliado del arte, vinculado a la creencia en el poder universal de la creación humana y el convencimiento que el arte puede llevar a cabo cambios revolucionarios. En Grassello (1979) Beuys utiliza este tipo de cal para restaurar su casa y estudio en Alemania. La reacción del material procedente de Italia en contacto con el agua de Alemania fue sintetizado por Beuys en la fórmula Ca(OH)2+ H2O. La esencia de la obra es el viaje del material desde Pescara hasta Düsseldorf, un proceso documentado fotográficamente por el propio Durini. Piantagioni (1984) es un proyecto colaborativo, que combina la sabiduría agrícola y la función ecológica de las plantas, organizada con finalidad humana y que desemboca en la plantación de 7000 robles en Kassel. Olivestone (1984) consiste en una escultura realizada a partir de una antigua tina del siglo XVI utilizada por la familia Durini para la decantación del aceite. Beuys creó una forma paralelepípeda para cubrirla y la llenó con 200 litros de aceite de la hacienda de los Durini. Como en vasos comunicantes, el aceite fluye por toda la escultura, produciendo un efecto de espejo y de reflector. Olivestone combina elementos de plantas y minerales, sólido y líquido, aspectos femeninos y masculinos, caos y orden, utilidad y estética.

A partir de aquí, diversos elementos, múltiples de edición limitada e ilimitada, como cajas de vino, botellas de aceite, material gráfico, sellos, documentos, etc., se convierten en material de difusión de estas ideas de Beuys, de este gran proyecto holístico concebido como herramienta para contribuir a liberar el mundo occidental de su materialismo y para conseguir una convivencia social basada en la democracia directa y la mutua solidaridad de las personas, independientemente de su condición económica, religiosa o política.

Montse Badia

 


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