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Hiroshi Sugimoto

Signal box – Herzog & De Meuron, 1998

Fotografía | Gelatina de bromuro de plata
63,5 x 50,8 cm.

HS.0001

Cuando en 1997 Hiroshi Sugimoto comienza a fotografiar en blanco y negro edificios contemporáneos considerados ya un clásico dentro de la historia de la arquitectura, se inclinó visiblemente por los que habían sido considerados esenciales a la hora de definir el movimiento modernista. De ahí que de esta serie, denominada Architectures, las imágenes más características sean el Guggenheim Museum de Nueva York de Frank Lloyd Wright, la Einstein Tower en Potsdam de Erich Mendelsohn, o incluso la Iglesia de la Luz en Osaka, del arquitecto japonés Tadao Ando. Pero gracias a la elección de este centro de señalización para trenes, construido en Basilea (Suiza) en 1994, por Herzog & de Meuron, Sugimoto, pone de manifiesto su intención de retratar hasta los hitos de la arquitectura más actual, entre los que destaca este edificio recubierto de cobre, con el aspecto de las bobinas de hilo de ese metal, ideado para albergar el equipo electrónico del departamento de ingenieros de los ferrocarriles suizos. El trabajo de estos dos arquitectos, galardonados con el premio Pritzker en 2001, combina la artesanía y las nuevas tecnologías con una extraordinaria inventiva en soluciones arquitectónicas para las necesidades de sus clientes.

Cada edificio fotografiado por Sugimoto es único, pero no lo es el tema ni la técnica, que son una constante en su obra y le permiten trascender en su individualidad hacia un concepto que podríamos considerar universal, el del devenir del tiempo, representado por una imagen estática subrayada por una marcada ausencia que logra evocar situaciones pasadas e incluso futuras, reminiscentes y latentes en el lugar fotografiado.

El característico desenfoque impuesto por Sugimoto para todas las arquitecturas retratadas en esta serie, desmaterializa las formas retratando sólo la propia esencia del edificio y no su exacta representación, acercándose más a la idea que nosotros mismos podríamos tener de él en el caso de que alguna vez lo hubiéramos visto y su imagen se hubiese quedado grabada en nuestra memoria. Lograda así la distorsión del tiempo y del espacio, el fotógrafo consigue aislar al sujeto retratado de su propio contexto, dotando a un edificio construido por el hombre de un halo de inmortalidad y magnificencia que lo igualan a la grandiosidad de las manifestaciones surgidas de la propia naturaleza.

Imbuido en una estética que puede considerarse cercana a los preceptos de la filosofía zen, en la que la sutilidad de las luces y las sombras construyen el volumen de la imagen, su obra tiene mucho más que ver con las corrientes del arte Conceptual y Minimal imperantes en los años 70 en los EE.UU, momento y lugar en el que el artista japonés empezó a interesarse por la fotografía. Es por este motivo por el que no dudamos al afirmar que Sugimoto es el valedor y precursor de estas consideraciones estéticas en el campo de la fotografía, ante las que confluyen un exquisito control de todo el proceso que dota a la imagen final de una pulcritud y una claridad que permiten una lectura perfecta de todo el proceso conceptual que ha llevado a acabo el artista para crear su obra.

Celia Díez 


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