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Andreas M. Kaufmann

Video Painting / Video d’ameublement #2, 1996

Vídeo | DVD | b/n | sin sonido
 

 

 

Ralentizar durante poco más de dos minutos y ocho segundos una de las secuencias del cine considerado hoy como clásico no sólo por lo que alberga de universal, general y típico sino para sacar a la luz la indiferencia que provoca la intensidad de un momento cuando no se le presta la atención que requiere es lo que ha hecho Andreas M Kaufmann a partir del beso que, para sellar supuestamente su amor, se regalan Humphrey Bogart e Ingrid Bergmann en la ínclita Casablanca. Aparte de las lecturas que se pueden derivar del acto de ralentizar para apreciar al detalle la rapidez de una escena –que puede ser de una película pero también de un sonido o de cualquier acción en la vida real- y/o necesitar distanciarse de ella para ser conscientes de lo que está sucediendo, uno de los aspectos que, a mi personalmente, me llaman más la atención es el título de la obra y el subtítulo que le da el artista para perfilar su intención: Video painting nº 2 / Vidéo d’ameublement. Tenemos por un lado lo que dice el coleccionista de video Jean-Conrad Lemaître: el video es la pintura del s.XXI. Aunque no sé qué tiene de cierto esta afirmación, no cabe duda de que el video se ha instalado en nuestras vidas y que, dada la importancia que ha ido adquiriendo, son muchos los artistas que a través de sus propias inquietudes, nos han hecho ver su realidad –que también puede ser la nuestra- como la que muestran a través de una imagen.

Por el otro tenemos la “Musique d’Ameublement” de Erik Satie. Se trata de las cinco piezas que, bajo este título –es decir, “música para mobiliario”-, compuso Satie a partir de 1917 para amenizar distintas ocasiones. Se trataba, básicamente, de música de fondo, es decir, temas pensados para sonar en espacios públicos sin que nadie les preste la más mínima atención. Sería, por decirlo de algún modo, el germen de la música ambient de Bryan Eno o, llevándolo hasta los últimos extremos, de lo que hoy se conoce como hilo musical: ese sonido que se escucha en ascensores, aeropuertos, estaciones de tren… lugares de paso y cuya presencia nos resulta tan normal como estrafalaria lo fue cuando, a principios del siglo XX y harto de las adaptaciones de piezas clásicas tocadas en directo por músicos en los grandes almacenes o restaurantes, Satie decide ponerle remedio. En una carta a Satie en 1920 éste le dice a Cocteau que la música de mobiliario “crea una vibración, no tiene otro objeto, desempeña el mismo papel que la luz, el calor y el confort en todas sus formas… Exijan música de mobiliario. Ni reuniones, ni asambleas, etc. sin música de mobiliario… No se case sin música de mobiliario. No entre en una casa en la que no haya música de mobiliario. Quien no ha oído la música de mobiliario desconoce la felicidad. No se duerma sin escuchar un fragmento de música de mobiliario o dormirá usted mal”.

Y por otro lado tenemos el video d’ameublement. Es decir un remix entre una imagen ralentizada que, pasada en loop continuo, no requiere de la permanente atención del espectador y cuya naturaleza le permite ser mostrado como un cuadro en una pared –de ahí su definición como video-painting- o en un monitor ubicado en cualquier lugar. Es una imagen que no molesta, no ataca, pero que sin embargo nos puede ofrecer lo que el día nos impide: la percepción de la noción del tiempo. Y con la misma intensidad que ese beso entre un distante Humphrey Bogart y una gélida Ingrid Bergmann.

Frederic Montornès


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