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Daniel Jacoby

Für Elise de Ludwig van Beethoven en orden de tono, 2009

Vídeoinstalación | Vídeo y partitura enmarcada
5’59”.
DJ.001-
Una partitura enmarcada en blanco. Junto a ella una pantalla. Rigor minimalista. En plano fijo y con una fotografía impecable, un trajeado pianista toma posición y empieza a interpretar. Las notas desarrollan un in-crescendo lineal de tono que no distingue muy bien entre la cadencia y la estridencia, en una especie de sonsonete progresivo. Pese a seguirse el movimiento en las manos y los brazos del pianista, el protagonismo de lo sonoro se impone sobre el espectro estático de lo visual, haciendo de la –al final cautivadora- falta de armonía acústica una suerte de ridículo desafío a la connotación de sobriedad de la imagen.
¿Qué sentido tiene todo esto? Para responder la pregunta basta con acudir al título: Für Elise de Ludwig van Beethoven en orden de tono. No se trata entonces de desentonar sin más la afamada pieza, o de desacreditar el rigor en la ejecución que se asocia por defecto a la cultura de la que proviene el compositor, lo cual parecería refrendarse en el guiño que suponen los créditos en alemán. Estos son efectos colaterales, vértices de ironía que como valor agregado se despliegan naturalmente, en los ejercicios de reordenación del mundo que proponen los trabajos desarrollados por Daniel Jacoby entre 2007 y 2009.
En su obsesivo análisis y puesta en cuestión de las lógicas de la información y las jerarquías que rigen lo que consideramos real, Jacoby dedica el comienzo de su recorrido profesional a aplicar los sistemas de medición de la ciencia a otras instancias vinculadas a lo cotidiano, los medios de comunicación o los contextos específicos de trabajo. Haciendo aplicaciones hipotéticamente fútiles de metodologías estrictas en escenarios aparentemente caprichosos, pone en evidencia la relatividad de los esquemas de lectura y catalogación con que asumimos nuestro enfrentamiento a determinados aspectos de la existencia.

Desde un tono más bien lúdico, con el rigor propio de un investigador, trabajando muchas veces con colaboradores de otros ámbitos creativos o científicos, e inspirado por una estética y ética minimalistas que trastoca con cierta ironía, Jacoby aproxima realidades desde ángulos inusitados, descontextualizando a los elementos que utiliza de su lógica interna, elongando sus parámetros hacia nuevos posibles sentidos o, simplemente, hacia el sinsentido.
Una edición impresa con el pronóstico del tiempo del veinte de febrero para los próximos cien años en Mollet del Vallés, una pieza sonora con los 79 “you” del álbum Abbey Road de los Beatles, un vídeo con los 271 “no” del film La naranja mecánica, otro con la reordenación alfabética de las palabras en los primeros diez minutos de una alocución pública del presidente venezolano Hugo Chávez, un escaparate con gráficos porcentuales que analizan cromáticamente las portadas del mes de los cuatro principales diarios españoles, el cálculo en sistema métrico del tamaño de los conceptos grande y pequeño, o la reordenación por altura de los libros en una biblioteca, son algunos trabajos emblemáticos en este proceso.
Junto con Un Toblerone de exactamente 50 g y 491 Toblerones de aproximadamente 50 g, en que un exhaustivo estudio comparativo lograba encontrar la barra de chocolate con el peso exacto anunciado en su envoltorio, para convertirse luego en exposición, edición impresa y distribución gratuita de toblerones, Für Elise de Ludwig van Beethoven en orden de tono representa el estadio de madurez autorial de la línea de trabajos que configuran un primer ciclo en la producción artística de Daniel Jacoby. Un fin de etapa que supone también un punto de inflexión, previo a que el bootlegging metodológico entre lo verificable y lo especulativo diese paso a la narratividad que desde entonces ha orientado sus proyectos.

Alex Brahim


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