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Gregory Crewdson

Untitled (blue period), 2004

Fotografía | C-print
143 x 221,5 cm.
GC.0004-

Las habitaciones de hoteles, sus imágenes y evocaciones están asociadas a cierta melancolía, a un poco de desposesión y a una especie de no estar. La memoria relaciona las habitaciones de hoteles ocupadas por mujeres a un determinado autor del que sin duda Crewdson se inspira en sus construcciones de interiores cargadas de emociones que sólo pueden ser experimentadas en silencio. Ese autor es Edward Hopper, el pintor norteamericano que influyó e incorporó una especial visión que Crewdson comparte: la relacionada con el cine. Como en Hopper, Crewdson detiene escenas y escenarios, los congela no sólo en el tiempo, sino también en su silencio y, dentro de esta mudez, los personajes son los actores de una ficción que habla por medio de una determinada tensión psicológica, aunque no se pueda saber a qué responde esa tensión. A esta incertidumbre se une el desconocimiento del antes y el después propio de la fotografía. Al sustraerse esa información al espectador, éste tiene que elaborar su propia ficción a partir de las pistas dejadas en la imagen. Pistas reales y pistas falsas ante las que se debe uno detener: las maletas abiertas, la ropa quitada y dejada descuidadamente en el suelo, los tres espejos que reflejan aportando mayor información, las puertas abiertas, la penumbra azulada del dormitorio y el iluminado cuarto de baño; pero, sobre todo, el cuerpo femenino desnudo, pensativo o absorto en algo que no puede apartar de la mente, tras haber tomado un baño o una ducha nada más llegar del viaje y tomar posesión de cuarto. Hay un contraste entre el orden antes de ser ocupada la estancia y el desorden aportado por su ocupante, rayano a una especie de dejadez que puede ser fruto del cansancio del viaje o bien personal de su nueva habitante –las raíces destintadas del pelo femenino pueden aportar más información al respecto-. Todas estas pistas son importantes si queremos entrar en la ficción que nos propone el artista, puesto que sabemos que su autor las ha puesto ahí de manera casi obsesiva, con una meticulosidad extrema.

En “Habitación de hotel” (1931), de Edward Hopper, también vemos un personaje femenino absorto, que se ha desposeído de sus vestimentas, de su formalidad ante los demás, y que acaba también de tomar posesión temporal de un nuevo espacio que será su casa no sabemos por cuánto tiempo. Como en la fotografía de Crewdson, los zapatos de tacón están por el suelo, las maletas no han sido deshechas, pero el personaje-ocupante está concentrado-ausente en algo que no puede obviar. Si la llegada al hotel en la noche aumenta la sensación de una realidad otra diferente a la cotidianidad, en “La ciudad por la mañana” (1944), también de Hopper, en una habitación iluminada por una luz que está -como en la imagen de Crewdson- dominada por un extraño azul-verdoso, un personaje desnudo femenino mira a través de la ventana. Está también absorto en algún pensamiento, quizás algo de lo que haya visto fuera le haya hecho volver a pensar en eso que no puede quitar de su mente. Con el pelo también hacia atrás, todas estas mujeres desnudas, todas estas habitaciones de hotel, hablan de unas convenciones y formalismos del habitar temporal y de la dificultad de la huída de aquello que no podemos apartar de nuestro pensamiento.

Juan Antonio Álvarez Reyes

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