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Javier Codesal

La habitación de Rada, 1997

Videoinstalación | Vídeo | color | sonido
Dimensiones variables | 57’25» | 33’28»

 

 

 

En uno de sus diálogos, en la República, Platón nos plantea a través de una discusión ficticia entre Glaucón y Socrates la posibilidad que tiene el arte de reproducir todas las cosas de la naturaleza. El primero contestando a una pregunta de Sócrates dice que no existe un artesano capaz de reproducir todas las cosas, a lo que Sócrates le replica que si existe una persona capaz de representar todas las cosas, el mismo Glaucón puede hacerlo, solo ha de tomar un espejo y moverlo por todos los lugares, en el espejo se producirán las imágenes de todas las cosas. Éste le contesta que aparecerán en el espejo siendo solo en apariencia no en verdad, lo que le lleva a la conclusión de que existen por lo tanto dos clases de producción de imágenes: la del artesano que construye objetos que se asemejan a las cosas de la naturaleza, y la del portador del espejo que refleja únicamente las cosas existentes y hace aparecer su figura sólo en apariencia sobre la superficie bruñida. Sobre este diálogo Javier Codesal comenta que: “El pasaje es muy hermoso y plantea la cuestión de la delgadez de la imagen o, dicho de otro modo, su inmaterialidad (supuesta) frente al objeto representacional. Es decir, que estamos en el dilema muy contemporáneo sobre arte de objeto contra arte inmaterial. Polémica para Glaucón, ya que parece que a Sócrates no le importa tanto. Desde la mirada de Sócrates, que yo comparto más, la imagen reflejada lo es plenamente, tanto como la pintada o esculpida, y tiene esa inmensa potencialidad: puede abarcar todo, o abarcar sin parar. Es tan interesante que ya entonces se sintiera la diferencia de prestigio entre lo óptico y lo objetual. Lo más interesante, pese a todo, es esa propuesta de mover el espejo por todos los lugares, pues ahí no sólo obtenemos reflejo, también hay movimiento, y podemos pensar en el travelín y, por extensión, en el cine. Dicho así, quien inventa el cine es Platón en su República.” En La habitación de Rada, Javier Codesal utiliza el espejo para realizar un retrato. Las imágenes enteléquicas de esta obra, son doblemente irreales, por imagen y por entelequias, pero alcanzan la realidad plena del retrato de una joven en el destierro. Rada está dolida por el peso que desde que abandonó Sarajevo, a de arrastrar en su vida de refugiada; que no se recuerda a si misma y que no tiene, ni necesita, ni desea nada. En realidad utiliza dos espejos, en uno recoge todas las palabras de Rada, en el otro, todas sus imágenes. La instalación se compone de dos pantallas enfrentadas: en la de la izquierda la retratada habla y nos cuenta sus experiencias desde que vuelve de un viaje a la India en el mismo día en que empieza la guerra en Bosnia, como va dándose cuenta de que está en medio de una guerra, de sus miedos, de la humillación, del enfado, de la huida y de su vida ya como refugiada. Retrata sus pensamientos con palabras, nombra su espera, su vacío, y su muerte; en la pantalla derecha están todas sus imágenes sin palabras, en ellas están sus ropas de refugiada con toda la dignidad que ella les aporta, su imagen tomada desde muchos lugares, tantos como permite el mover de la cámara, y en muchos casos el centro de su imagen es su boca, de la que no salen palabras, y cerca sus ojos, que nos dicen también.  

 
Aramis López

 


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