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Javier Codesal 50 versos exactos, 2008
Vídeo | DVD | b/n |
4’16»

 

Parece evidente que la exploración de la tensión entre palabra e imagen constituye uno de los ejes que atraviesan la producción de Javier Codesal desde sus mismos inicios. El rastro de metonimias a que da lugar esa exploración se puede seguir en el amplio y sinuoso espectro de su obra fílmica, videográfica, poética y fotográfica, donde se reformulan constantemente las oposiciones, de modo que el binomio palabra-imagen se abre a una inexorable mutación: la palabra deviene voz, que deviene respiración, tacto, signo, sombra de la imagen. En el horizonte sacrificial de esta búsqueda, siempre esquiva al contacto definitivo, se enuncia la necesidad de la Carne, una noción crucial que en la obra de Codesal se traduce en una constante búsqueda de lo más concreto: un gesto, las arrugas de un rostro, un timbre de voz, un objeto. Las imágenes de Codesal parecieran florecer a partir de su deseo de tocar esa carne y en el culmen de la imposibilidad de satisfacer ese deseo convocan ciegamente a un doble impreciso que no es otro que la palabra. Solo que ésta última no surge como un todo cerrado sobre sí mismo, sino precisamente como otra línea de pulsión libidinal que, en su imposibilidad de palpar por fin la carne de la imagen, no deja de requerir el concurso de la misma. La imagen, pues, solo puede ser imagen de la carne, mientras que la palabra se encarna solo en la imagen. Ambas conviven en una relación dinámica que no excluye las impugnaciones, las mutuas censuras, los silencios, los vacíos. Se trata más bien de una lucha cuerpo a cuerpo entre dos fuerzas que se invocan sin cesar.

50 versos exactos es un vídeo compuesto por una secuencia de frases escritas y organizadas de un modo aparentemente arbitrario  -50 versos cercenados con precisión y sin ninguna conexión semántica evidente-. Las mayúsculas blancas en las que están escritas las palabras surgen sobre un fondo negro y lo que empieza como una simple experiencia de lectura se va transformando, por efecto del tamaño y la intermitencia de las apariciones, en un fenómeno cinemático que pone en pantalla aquel juego de oposiciones al que aludíamos antes. En efecto, la palabra hinchada se encuentra inmersa en un proceso de devenir-imagen y la promesa de sentido que se insinúa en cada verso hace aparecer la dimensión del deseo; un deseo que solo encuentra una satisfacción efímera en la irrupción del siguiente verso, un mecanismo secuencial y desbordante que replica el propio despliegue del deseo y cancela cualquier postulación de un objeto. Quizás no sobre añadir que la sensación que produce 50 versos exactos recuerda a la aparición de los números de la cuenta regresiva que se ponen al principio de las películas: imbuido en esa situación de inminencia, el lector solo puede esperar, desconcertado y a merced de sus propias proyecciones. Sin duda, Codesal ha sido capaz de construir aquí con ejemplar sencillez una verdadera cifra de las preocupaciones centrales de toda su obra.

Juan S. Cárdenas


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