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Joan Brossa

La clau de la clau, 1989

Poema objeto
8 x 20 x 20 cm
JB.0001-

En los últimos años de su trayectoria, Brossa recibió una serie de distinciones y encargos, también en el terreno visual, que lo alentaron a concebir nuevos poemas objeto. Algunas ideas que habían quedado sin resolver plásticamente o nuevas imaginaciones del poeta tomaban cuerpo para su difusión en el circuito artístico, especialmente a través de la galería Miguel Marcos.

Entre estos objetos hay algunos no siempre fáciles de vincular con su producción anterior. No es el caso de «La clau de la clau», una pieza que retoma algunos de los juegos metalingüísticos que tanto había cultivado el poeta en su obra literaria, teatral, visual y objetual. Aquí, nos encontramos con un juego que se establece entre el registro lingüístico y el registro visual. El título de la obra no es más que -o no menos que- una aliteración y una homonimia al mismo tiempo: el enunciado es aliterado (se repite una misma palabra), pero para subrayar los distintos significados que aquella palabra tiene en lengua catalana y, creo, en todas las lenguas occidentales: la llave que abre una puerta también puede abrir otras cosas. O la “clau” física (la llave en español) permite llegar a «lo que hay que conocer para entender algo», la “clau” (la «clave»).
Brossa ya había jugado con el significado de la palabra «clau» en un poema visual muy conocido, concebido en 1971 y realizado en 1982, donde las sierras de la llave son sustituidas por un alfabeto. En este caso, pues, el poeta sugiere que por medio de estas partículas mínimas de significación -las letras del alfabeto-, se puede acceder -se puede abrir la puerta- al lenguaje, es decir, al conocimiento. La referencia a Wittgenstein y a su famosa frase del Tractatus, según la cual «los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje», pueden ser evidentes. No podemos olvidar que Brossa tenía una confianza absoluta en las posibilidades (también en las imposibilidades) del lenguaje verbal.

En la pieza de 1989 Brossa vuelve al juego de los diversos sentidos que permite la palabra «clau». El objeto en sí mismo es una demostración de la doble articulación del lenguaje, en este caso, del lenguaje objetual: para abrir una clave se necesita otra clave y, así, indefinidamente. No es nada insensato aventurar que la pieza hubiera funcionado sin título: la imagen es explícita, todos los espectadores podrían haber captado la homofonía visual, una llave que abre el candado de otra clave que, al mismo tiempo, abre otra cerradura… Pero como hicieron otros artistas, Joseph Kosuth por ejemplo, Brossa, tan aferrado a las posibilidades expresivas del lenguaje, en este caso a las posibilidades expresivas de los dobles sentidos del lenguaje verbal, acaba por insistir en la imagen y pone un título que no permite ninguna distracción: “La clau de la clau”.

Joan M. Minguet i Batllori

Nota de traducción: “Clau” es una palabra polisémica en catalán, y puede significar clave o llave.


 

 


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